Diario de Viaje :: Menorca 2015

¡Buenos días!

Ya estamos en pleno diciembre y, no sé qué tiempo hará donde vives, pero aquí hace un frío que pela. Y, ¿qué es lo que hago yo cuando tengo frío?

• Taparme con la manta como una momia, esto es, envolverme de tal forma que no haya resquicio posible por donde pueda entrar ese biruji invernal.

• Ponerme unos calcetines calentitos y acolchaditos.

• Tomarme un chocolate caliente con nata montada y nubes.

• Mirar fotografías de mis vacaciones de verano.

Esto último lo hago mucho. Como ya sabes, me gusta hacer fotos de todo. Las tengo bien ordenaditas en carpetas, por años y por lugares (sí, lo sé, soy como Monica de Friends), y de vez en cuando me gusta mirar estas fotos para rememorar esos viajes.

Como las vacaciones en Menorca que el Señor Zeta y yo hicimos en octubre, y que aún no te había contado. Así que, si quieres seguir leyendo, ¡estaré encantada de que me acompañes!

DIARIO DE VIAJE – MENORCA 2015

Aterrizamos al aeropuerto de Maó el miércoles 30 de septiembre a las 17.15h de la tarde. Recogimos nuestro coche de alquiler y nos dirigimos hacia Ciutadella, donde teníamos el apartamento.

Estaba todo bastante nublado, de hecho ya nos habían avisado de que iba a haber tormenta. Llegamos a la urbanización Los Delfines e hicimos el check-in en Los Lentiscos. Nos tocó la habitación 105, ¡con vistas al mar y a la puesta de sol! ¡Y sin cucarachas!

Para cenar fuimos al Hogar del Pollo, en Ciutadella. Un bar gallego que, a primera vista no parece gran cosa, es pequeño y modesto pero la comida allí es brutal. Tuvimos que esperarnos un poco, pero valió realmente la pena. Pedimos pan con tomate (eso nunca puede faltar), una ración de lacón, pulpo a la gallega, zamburiñas y callos, por recomendación del camarero. Mira, cada vez que lo recuerdo se me hace la boca agua. Sin duda, un sitio para repetir.

Todo eran risas hasta que salimos a la calle. Eso era Mordor no, lo siguiente. Lluvia, tormenta, vientos de más de 100km/hora, árboles rotos… Llegamos al apartamento de milagro.

Aunque algunos tuvieron más mala suerte que nosotros. Desde la ventana del apartamento vimos como alguien se había dejado el maletero del coche abierto. ABIERTO. Estuve 10 minutos sin poder parar de reír.

Curiosamente, al día siguiente había vuelto la calma. Decidimos ir a Binidalí, pero tanto el agua como la arena estaban muy sucias, así que nos fuimos a Cala Galdana, pero más de lo mismo. El agua estaba completamente roja, parecía que habían asesinado a 20 ballenas. Por lo visto se había desbordado el río y había montado un pollo tremendo. Mi gozo en un pozo. Volvimos a Cala’n Blanes y nos quedamos en el chiringuito tomando una cerveza.

Viaje_Menorca_2015_Anna_Valero

Por la tarde volvimos a Ciutadella. Mientras esperábamos para cenar, nos compramos unas abarcas. En un momento dado, estaba enviando un whatsapp con el móvPLAF. Se me cayó al suelo, y cuando lo levanté tenía la pantalla completamente rota, aunque aún funcionaba. Ese viaje a Menorca me estaba costando años de vida.

Cuando se me pasó el soponcio fuimos a cenar, esta vez a la pizzeria Roma. ¡El Señor Zeta y yo nos pedimos unas de las mejores calzones que hemos probado nunca!

Viendo que el tiempo iba a continuar así hasta que nos marcháramos (el Señor Murphy es así de hijoputa), decidimos disfrutar de Menorca como fuera:

Cada día íbamos a desayunar un buen English Breakfast en el Frankie’s Bar, un bar típico inglés, con música de Julio Iglesias de fondo, y llevado por un español un tanto peculiar. Sí.

Fuimos a algunas playas del norte, Algaierans y Pregonda. Pero hacía un viento de mierda de mil demonios, que no se podía ni disfrutar del paisaje. Es la segunda vez que vamos a Pregonda y nos pasa esto. En serio, yo ya no vuelvo más *se indigna*.

Cala_Pregonda_2015_Anna_Valero

Visitamos dos de nuestras calas favoritas: Macarelleta y Es Talaier. La primera vez que fuimos en 2013 nos enamoramos de ellas. Son pequeñitas, preciosas y muy tranquilas. Esta vez había bastantes olas, y también alguna que otra medusa… bueno, vale, eso parecía un campo de minas. Pero las disfrutamos igual. Menos cuando una cucaracha feliz vino volando y se posó sobre mi cabeza. Suerte que el Señor Zeta supo disimular bastante bien. Me llego a enterar de que tengo eso en la cabeza y monto un Apocalipsis allí mismo.

Cala_Macarelleta_2015_Anna_Valero

Descubrimos nuevos lugares:

Son Saura. No habíamos estado nunca en esta playa, pero la vimos de camino a Es Talaier y nos pareció preciosa, así que de vuelta nos quedamos hasta el atardecer.

Son_Saura_2015_Anna_Valero

• La base militar norte-americana abandonada de s’Enclusa. Sirvió para unir comunicaciones entre los Estados Unidos y sus tropas desplegadas en Oriente. Fue muy emocionante y a la vez inquietante pasear por allí. Las instalaciones siguen en pie (más o menos), e incluso se puede distinguir lo que era el gimnasio, el mecánico, las habitaciones, etc. En un momento dado, se nos ocurrió la idea de grabar un pequeño corto de zombies, y es que tenía la ambientación perfecta para un capítulo de The Walking Dead.

Restaurante Villa Madrid, en Sant Lluis. Fuimos a cenar allí, ya que nos habían recomendado especialmente las calzones. El sitio es bonito, se encuentra en una casa antigua y el jardín es enorme. Las pizzas eran buenísimas, aunque para mi gusto les faltaba relleno, y nos intentaron colar el roquefort por el queso gorgonzola. Como punto negativo destacaría que fue bastante caro (soy catalana, oiga), y el servicio dejó bastante que desear.

El Abrevadero. Un bar irlandés situado detrás de los apartamentos. Fuimos una noche a tomar algo, y nos encontramos al camarero con una taja impresionante. Tardó 30 minutos en servirnos porque “se le resistió el barril de la Guinness”, y cuando nos trajo los cafés irlandeses, se le había ido la mano con el whisky. Mucho. PERO MUCHO.

El Pont d’en Gil. Es un puente natural formado gracias a la erosión marina. Nos habían recomendado ir a verlo para la puesta de sol, y fue precioso. Además lo teníamos relativamente cerca de los apartamentos, ya que se accede por el Camí de Cavalls en Cala’n Blanes.

Pont_den_Gil_2015_Anna_Valero

El último día, para despedirnos de Menorca, pasamos el día en Cala Galdana. Y es que la primera vez que estuvimos en la isla nos alojamos allí, así que tenemos un recuerdo muy bonito de esa zona. Fuimos a comer al restaurante El Mirador y luego dimos un paseo por la playa.

A pesar de que este viaje a Menorca fue un poco más accidentado que el primero, no me cansaría nunca de volver. Es una isla con calas paradisíacas, sitios preciosos y mucha tranquilidad (siempre que no vayas en agosto =D). Y al lado de casa, ¡como aquél que dice!

Y tú, ¿has estado en Menorca? ¿Qué otros lugares me recomendarías para visitar? Déjame un comentario y me los apuntaré para la próxima vez.

Nos vemos en otra entrada, colega 😉

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