Desayunos bonitos

¡Buenas!

Hoy vengo con un post de esos que es mejor leer después de haber comido. Como ya habrás podido comprobar al leer mis anteriores entradas, sabrás que me encanta comer, disfruto tanto con una fabada como con una simple tortilla a la francesa. Por no hablar de los dulces, que me vuelven loca. De ahí a que haya engordado 7 kg estos últimos años (pero eh, este 2016 me he propuesto bajar de peso, ¡y lo estoy consiguiendo!).

Bien, dicen que el desayuno es la comida más importante del día. A mi me encanta meterme un buen desayuno entre pecho y espalda, de esos que se ven en las pelis, con zumo, café, tostadas, bollería, tortitas con nata y chocolate… Que digo yo, tanto trabajo que debe llevar preparar todo eso, para que luego entren en la cocina, le den un puto sorbo al zumo y se vayan corriendo a trabajar o al colegio porque, casualmente, «llegan tarde». Mira, a mi me hacen eso y cambio la cerradura para que esa gentuza desagradecida no vuelva a entrar en mi casa.

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