Mi Ruta por Alemania (Parte IV) – Titisee, Friburgo y Montreux

• Ver Parte III – Dachau, Sasbachwalden, Gengenbach y Triberg  •

MARTES 12 – LAGO TITISEE, LAGO SCHLUCHSEE Y FRIBURGO

El cielo sigue cubierto y, además, hace fresquito. Recogemos los bártulos y vamos hacia el pueblo de Titisee-Neustadt a desayunar. Elegimos la terraza del restaurante Seeterrasse, a la orilla del lago, y nos tomamos un capuccino calentito y una porción de Selva Negra.

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Desayuno en el Seeterrasse. Titisee Neustadt.

Nuestra intención es alquilar una barca para dar un paseo por el lago, pero son gigantes, para más de dos personas. Además, el lugar está bien pero está demasiado masificado y es muy turístico, así que decidimos irnos al lago Schluchsee, con la esperanza de que el emplazamiento sea más salvaje. Una vez allí, aparcamos cerca de la estación y vemos que, efectivamente, es diferente a Titisee, pero el tiempo no acompaña, hace frío y a ratos llueve, y pensamos que no es buena idea ir en barca. Lástima, porque teníamos ganas de perdernos en algún lugar apartado y hacer un pequeño picnic.

Así que, cogemos el coche y vamos a Friburgo, la última parada de nuestra ruta por la Selva Negra. Acampamos en el Camping Hirzberg. Es muy pequeñito y sencillo, pero está a 2 Km del centro, lo que nos viene genial para poder ir y venir andando. Una vez instalados, vamos paseando siguiendo el río y, al cabo de unos 20 minutos llegamos a la Ciudad Vieja (Alstadt). El centro es todo peatonal, por lo que no pasa ningún coche pero, al igual que en Munich, está lleno de bicis. Y si contamos las distintas líneas de tranvía que atraviesan la ciudad, hay momentos en los que se hace realmente difícil pasear por las calles. ¡Hay que ir con mil ojos!

Se acerca la hora de comer, así que buscamos restaurante. Vamos directos al Martin’s Brau, pues habíamos leído que se come muy bien. El Señor Zeta se come su cuarto codillo y yo un plato de salchichas de jabalí con kartoffelsalat. Es todo un acierto haber venido aquí, ¡está todo delicioso!

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Comida en Martin’s Brau. Friburgo.

Después de comer damos un paseo por las callejuelas de la Ciudad Vieja. Sigue manteniendo la arquitectura típica del país, con calles empedradas y los edificios pintados de diferentes colores, y para ser una ciudad es la mar de tranquila. El ruido de la circulación de los coches no existe y los ciclistas suelen ser bastante más respetuosos que en Munich.

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Schwabentor, una de las dos puertas de entrada a Friburgo.

Ya es hora de irnos, pero antes hacemos una parada en el Café Schmidt para comprar una porción de Selva Negra para llevar. La vuelta al camping se hace larga y durilla, estamos muy cansados.

Una vez en el camping, preparamos la cena dentro de la furgo por si nos vuelve a llover, cosa que, efectivamente, sucede. Tenemos a Murphy pegado en el parabrisas del furgo, parece ser. Cenamos una lata de potaje con patatas y salchichas con pan y, de postre, la tarta.

Hoy es nuestra última noche que pasamos en la Selva Negra. Mañana abandonamos Alemania y entramos en la última etapa de estas vacaciones.

MIÉRCOLES 13 – MONTREUX

No ha parado de llover en toda la noche y hace bastante frío. Salimos del camping y nos despedimos de Friburgo. Hoy ya vamos de bajada, pero no termina aquí nuestra ruta.

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Camping Hirzberg. Friburgo.

Nuestro siguiente destino es Montreux, en Suiza, donde nos encontraremos con alguien muy especial. A medio camino paramos a visitar Gruyères, ya que el Señor Zeta ya había estado allí y dice que es como el pueblo de Heidi: montañas, prados súper verdes, rebaños de vacas pastando tranquilas… Y, efectivamente, es así. Aún con el mal tiempo que hace, podemos ver que es uno de los paisajes más bonitos que hemos visto hasta ahora.

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Gruyères, Suiza

Damos un paseo de apenas 20 minutos por el pueblo, y es que no necesitamos más. Llegamos hasta el castillo, nos hacemos un par de fotos con los aliens del museo HR Giger y volvemos calle abajo.

Al mediodía ya estamos por Montreux. Vemos más gente de lo normal, pues resulta que hasta el 15 de julio se celebra el Festival de Jazz de Montreux, uno de los más conocidos de Suiza. Mientras buscamos aparcamiento por la calle Grand’ Rue, a lo lejos podemos ver una figura imponente a la orilla del lago Leman. Ahí está. Y es que ésta es la razón por la que hemos venido a Montreux, para ver a nuestro ídolo, el cantante con la voz más espectacular y única que haya existido. Ya sé que sólo es una figura, pero cuando veo a Freddie a lo lejos no puedo evitar emocionarme y se me pone la piel de gallina.

Al salir del parking nos dirigimos a la Place du Marché a ver la estatua más de cerca y aprovechamos para hacernos algunas fotos. Se acerca la hora de comer, así que nos dirigimos a los puestos de comida internacional que hay situados a lo largo del paseo marítimo. Cada uno compramos lo que más nos llama la atención y nos lo tomamos en una de las zonas habilitadas con mesas a la orilla del lago. Las vistas son impresionantes pero llueve y hace mucho frío y viento.

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Almuerzo con vistas. Montreux & Lago Leman

Damos un paseo más por el centro de Montreux y vamos a buscar camping, pero antes paramos en una gasolinera a comprar hielo. Una bolsa de hielo que, al fin y al cabo, no deja de ser agua congelada, me costó nada más y nada menos que 12€. Sí, señores. 12 putos euros por una bolsa de agua congelada. Que los suizos tienen mucho de eso por allí. Se pasa todo el puto día lloviendo, joder. Vuelvo a la furgo, blanca como un cadáver, y a punto de cortarme las venas. Y es que, como buena catalana agarraíca que soy, esos 12€ me duelen muchíiiiiiisimo. No sabes cuanto. Pero no pasa nada, estamos de vacaciones, estas cosas suelen pasar. Cuento hasta 3 mientras inspiro y expiro, medito, hago yoga y hago como si eso no hubiese pasado nunca.

Después del soponcio, acampamos en el Camping Maladaire, situado a los pies del lago Leman. No duramos allí ni 30 minutos, pues más que un camping parece más bien una comuna hippie, es muy pequeño, no hay caseta de recepción, los lavabos son sucios, cutres y sin luz y la gente que acampa allí parece que hayan salido del Woodstock. No nos sentimos cómodos, así que decidimos salir de allí. Eso sí, no sin antes ir a chafardear la famosa Casa del Lago, que aparece en la portada del disco Made in Heaven de Queen.

Finalmente acampamos en el Horizons Bleus, situado al otro lado de Montreux. Llegamos justo antes de que cierren la recepción y nos dan la única parcela libre que les queda. A la hora de cenar, como de costumbre, empieza a llover y nos tenemos que refugiar, una vez más, en la furgo.

JUEVES 14 – GINEBRA

Se ha pasado la noche lloviendo a cántaros y ha hecho bastante frío, pero mientras recogemos las cosas parece que se va despejando. Nos vamos de Montreux y nos dirigimos a Ginebra, donde hay una puta nube negra amenazando lluvia justo encima de la ciudad. Está claro que Murphy se ha acoplado con nosotros estas vacaciones.

Aparcamos al otro lado del lago, así que atravesamos el Pont des Bergues hasta llegar a la Cité. Andamos por la Rue du Stand, en plena zona comercial, repleta de tiendas y gente cargada con bolsas de las marcas más caras. Se nota que hay pasta y que es uno de los destinos favoritos para ir de compras en Europa.

Buscamos con cuidado un sitio para desayunar donde no nos claven y nos saquen los ojos y el hígado. Encontramos una pequeña pastelería muy mona con terracita y pedimos un Petit Déjuner, pero ah, amigo, es que son las 11:30h de la mañana y a esa hora ya no sirven Petits Déjuners. “Malditos españoles”, deben pensar, “se creen que a cualquier hora pueden venir a pedirnos un triste croissant”. Ahhh, pero bien que cuando vosotros venís aquí os podéis meter una paella entre pecho y espalda a las 6 de la tarde, ¿eh, cabrones? En fin… Finalmente nos dicen que no nos pueden ofrecer la oferta del Petit Déjuner, pero sí que podemos pedir lo que queramos por separado, así que nos pedimos un capuccino y un croissant mientras unos gorrioncillos muy monos pero con muy mala hostia nos quieren robar el desayuno.

Después nos dirigimos al Jet d’Eau, uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad. El chorro llega a unos 140 m de altura y lanza 500 litros de agua a 500 Km/h. Esto para quitar la mugre incrustada de los rinconcitos del jardín iría bien. Ni la kärcher, tú.

En la zona del puerto hay muchos cisnes y patitos, así que aprovecho y les doy miguitas de galleta que tenía en la mochila. *Sí, siempre voy con galletitas en la mochila por si me encuentro patitos a los que alimentar.*

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Haciendo amiguitos. Lago Léman, Ginebra

Después de eso, volvemos a la furgo para irnos. Ginebra es una ciudad bonita, pero no me mata. Lo único que llama la atención son las calles comerciales llenas de tiendas y galerías y, por descontado, el Jet d’Eau.

Entramos de nuevo en Francia. Tengo trauma desde lo que nos pasó. Además sigue lloviendo a cántaros, y la tormenta nos persigue. Nuestra intención es acampar en Avignon, pues ya estuvimos allí una vez y conocíamos el sitio. Pero, ¿qué pasa? Por lo visto estos días se celebra un festival de jazz, así que todos los campings están a petar. Decidimos probar suerte en Nimes, pero más de lo mismo. La cosa empieza a ser desesperante, pues está a punto de anochecer y la mayoría de campings cierran a las 20h a muy tardar. Finalmente y casi de casualidad, cerca de Montpellier nos encontramos el Camping Eden con parcelas libres. La recepción ya está cerrada pero hablamos con el guardia de seguridad y, muy amable, nos acompaña a nuestra parcela.

Pese a ser la última noche de nuestras vacaciones, intentamos disfrutarla lo máximo que podemos.

VIERNES 15 – VUELTA A CASA

Al día siguiente, recogemos por última vez nuestras cosas y nos vamos. Pasamos por la zona maldita sin problemas, aunque nos encontramos con un atasco inmenso en la Jonquera.
Llegamos a casa cansados y con ganas de disfrutar de nuestro sofá, nuestra cocina, nuestro lavabo y las comodidades de nuestra casa, pero rememorando las aventuras y la experiencia vividas. Y es que, como dicen, un viaje se vive tres veces, al soñarlo, al vivirlo y al recordarlo.

Así que, mientras recordamos todos y cada uno de los momentos de este maravilloso viaje, nuestra cabeza ya está pensando en el próximo.

¿Tienes alguna sugerencia? Me encantaría que la compartieras conmigo :)

Nos vemos en otra entrada, colega 😉

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